Mas de una sorpresa ha dado el nuevo presidente de Ecuador, Lenin Moreno, desde que asumió su cargo el 24 de mayo pasado, tras ser elegido en reñida contienda electoral con el candidato de la oposición, Guillermo Lasso.

Como Moreno era el candidato oficialista, apoyado por el saliente, beligerante y futuro candidato a presidente vitalicio, Rafael Correa, muchos supusieron que Moreno iba a ser más de lo mismo en la ruta dolarizada hacia el socialismo a la ecuatoriana. Incluso más: se pensaba que Moreno iba simplemente a gobernar con piloto automático para guardarle el puesto a Correa, quien puede volver a ser candidato presidencial en las elecciones de 2021, y a partir de entonces, ser reelegido indefinidamente.

En pocos meses, Moreno ha demostrado con creces que quienes lo creyeron continuista no lo conocían. Desde un comienzo, Moreno mostró pragmatismo político y apertura al diálogo con la oposición, todo lo contrario del mesianismo, las bravuconadas y al avanzar sin transar de Correa. El nuevo presidente también ha mostrado que apoya la libertad de prensa, algo que Correa hizo todo lo posible por suprimir.

En pocos meses, Moreno ha demostrado con creces que quienes lo creyeron continuista no lo conocían. Desde un comienzo, Moreno mostró pragmatismo político y apertura al diálogo con la oposición, todo lo contrario del mesianismo, las bravuconadas y al avanzar sin transar de Correa. El nuevo presidente también ha mostrado que apoya la libertad de prensa, algo que Correa hizo todo lo posible por suprimir.

Moreno además ha facilitado, o al menos no ha tratado de impedir, las investigaciones contra la corrupción que se han iniciado en el país, incluyendo a su propio partido y a su gobierno. La mejor prueba de ello es que relevó de sus funciones a su propio vicepresidente, Jorge Glas, en cuanto se supo que podría estar implicado en el capítulo ecuatoriano del escándalo Odebrecht. Esto le ha significado otra pelea con su antecesor, ya que Glas era el verdadero delfín de Correa para las elecciones. Moreno terminó siendo el candidato del gobierno porque era quien tenía más posibilidades de ganarle al candidato de la oposición,  el popular empresario Guillermo Lasso. Moreno ganó en segunda vuelta con 51%, contra el 49% de Lasso.

En reciente entrevista con CNN, Moreno se lanzó en picada contra Correa, al declararse públicamente en contra de la enmienda constitucional que el ex presidente logró aprobar en el Congreso en 2015 y que permite a los prresidentes reelegirse indefinidamente a partir de las elecciones de 2021. Moreno ha llamado a una consulta popular para diciembre, en la cual habrá varias preguntas, una de las cuales se referirá al caudillismo o hiperpresidencialismo que propugna Correa.

Moreno ganó popularidad como vicepresidente de Ecuador junto a Correa, cargo que ocupó de 2007 a 2013. El nuevo presidente usa una silla de ruedas y en su posción oficial se ocupó especialmente de los derechos de los discapacitados y los excluidos. Eso le ayudó como candidato y también ha sido prueba de su lealtad con el ideario social de Alianza Pais, la coalición de gobierno.

Hasta hace poco, Ecuador era quizá el único caso en el mundo de socialismo exitoso. Durante la década que estuvo en el poder, Rafael Correa gastó US$ 300.000 millones en infraestructura vial, hospitales, escuelas y la expansión de programas sociales. La extrema pobreza se redujo a la mitad y las carreteras ecuatorianas fueron rankeadas como las mejores de América Latina por el World Economic Forum. Todo esto fue inflando el ego de Correa y su creciente desconfianza en el diálogo, la libertad de expresión y la alternancia en el poder.

Moreno debe mantener los programas sociales, pero tiene cada vez menos capacidad de hacerlo. El petróleo constituye el 34% de las exportaciones ecuatorianas y una economia dolarizada necesita con urgencia crecientes ingresos en dólares si quiere crecer. La reducción de ingresos, que comenzó en 2013, fue reemplazada por endeudamiento. La deuda soberana de Ecuador bordea los US$ 40.000 millones, lo cual la pone cerca del límite permitido por la Constitución. Al distanciarse de su predecesor, Moreno puede estar empezando a buscar un responsable si la economía empieza a irse cuesta abajo, porque el país no se puede seguir endeudando y el petroleo no sigue repuntando.

Moreno no ha dado indicio de que echará pie atrás en la dirección de la economía ecuatoriana, aunque su apertura a dialogar con la oposición es vista por algunos como el inicio de un romance con la derecha.

Lo que sí está claro es que Lenin Moreno está por el diálogo, la transparencia, la libertad de prensa y la alternacia en el poder. Independiente del rumbo que siga la economía, todo es un bienvenido cambio respecto de lo que vivió Ecuador con Correa. Bien por Lenin.