Hace un par de meses titulábamos nuestro comentario editorial “El fin de Kuczynski”. Se tardó la agonía del presidente de Perú, pero llegó. A las serias acusaciones de relaciones dudosas con la corruptora Odebrecht se sumó al final pruebas tangibles de cómo sus partidarios compraron votos para evitar la vacancia a fines de diciembre. Todo ello en el contexto de la abrumadora ineptitud política de Pedro Pablo Kuczynski, - PPK- , que ha tenido a Perú paralizado en lo político y muy por debajo de su potencial en lo económico.

Se termina así un gobierno para olvidar. Pero no los problemas que lo acosaron. Su sucesor, el Primer Vicepresidente Martín Vizcarra, podría tener que enfrentar la dura oposición del partido Fuerza Popular de Keiko Fujimori, aunque hay analistas que no descartan que este partido se alíe y apoye al nuevo gobierno. Mientras otra fracción fujimorista, la de su hermano Kenji, que salvó a PPK en la ronda de diciembre, pasa a ser una incógnita en las actuales circunstancias.

Ya hay voces que piden al nuevo presidente que llame a elecciones generales, presidenciales y parlamentarias, como un modo de limpiar el ambiente y recrear condiciones de gobernabilidad. Parece sensato, pero es probablemente una vía llena de incógnitas.

Hay, sin embargo un alto nivel de descrédito de las fuerza políticas, de atomización partidaria, y una gran debilidad en el Congreso de las fuerzas que continuarían gobernando con Vizcarra, a menos que se alíe con Fuerza Popular. Hasta ahora se ve un Perú jaqueado en lo político por la fragmentación de sus partidos, el descrédito de sus representantes, la debilidad parlamentaria de quienes detentan el poder ejecutivo, y la escandalera continua de presidentes y ex presidentes.

Ya hay voces que piden al nuevo presidente que llame a elecciones generales, presidenciales y parlamentarias, como un modo de limpiar el ambiente y recrear condiciones de gobernabilidad. Parece sensato, pero es probablemente una vía llena de incógnitas: ¿Dará esto una oportunidad a Keiko Fujimori de llegar finalmente a la presidencia, que se la ha ido de las manos dos veces?, ¿o permitirá que alguien de izquierda –agrupando las fuerzas que apoyaron a Mendoza en la última elección- aparezca como la nueva carta que viene a “limpiar” la escena política?¿A qué darían lugar unas elecciones en medio de esta crisis?

Estamos en los primeros momentos tras la renuncia de PPK, y el polvo –las tormentas de arena, más bien- levantado por este duro y largo trance político en Perú no se asientan aún. Pero tendemos a pensar que un período de entendimiento sobre temas básicos entre la actual oposición y el nuevo presidente Vizcarra, que dé estabilidad por un tiempo prudente para aclarar el panorama político, ayudaría a crear las condiciones para nuevas elecciones que no estén así tan determinadas por estos tiempos de crisis.

Hay un gran precedente en el propio Perú: Cuando el ex presidente Alberto Fujimori renunció en 2000 desde Japón, el Presidente Transitorio Valentín Paniagua hizo un gran trabajo para abrir una transición que permitió que Perú recuperara la democracia, la estabilidad y una senda de crecimiento económico que en sucesivos gobiernos le ha cambiado el rostro a Perú. Si Vizcarra logra ser un segundo Paniagua, Perú se habría abierto un nuevo camino.