La tarde de este jueves participé en una sesión del World Economic Forum (WEF), en Davos, Suiza, denominada "Los nuevos paradigmas del crecimiento en las economías emergentes". En la jornada participaron como panelistas Enrique Meirelles, ministro de Finanzas de Brasil; Malusi Gigaba, ministro de Finanzas de Sudáfrica; Maxim Oreshkin, ministro de Desarrollo Económico de la Federación Rusa; Mehmet Simsek, vice primer ministro de Turquía; Ngozi Okonjo-Iweala, presidente de la organización sin fines de lucro Gavi, the Vaccine Alliance; Justin Lin, decano honorario del National School of Development, de la Universidad de Pekín.

La directora ejecutiva de CNBC, Shereen Bhan, moderó el panel, y provocó de entrada a los panelistas con el siguiente dato demoledor: la contribución del sector manufactura al crecimiento economico global ha caído un 75% en los últimos años. Ante el silencio, agregó una pregunta: ¿cómo los países emergentes pueden desarrollar una estrategia de desarrollo, a través de un crecimiento inclusivo, en un contexto exiguo como este?

Como es habitual en este tipo de paneles, los ministros se dedican a explicar las políticas que se están implementando en cada uno de sus países, y las perspectivas de crecimiento de este año y el próximo. Y como también era de esperar, todos se mostraron muy optimistas respecto de la performance que tendrán sus economías este año y el que viene. Nada nuevo. Hubo consenso incluso en que será un año mejor que lo que está pronosticando el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero por suerte hubo al menos un panelista que respondió la pregunta de la moderadora y de manera cabal. Fue Justin Lin, quien explicó claramente la trayectoria del sector manufacturero de China en los últimos 40 años y cómo ve la trayectoria futura. Todo habría sido mejor si se hubiera tratado de un ministro del gobierno chino, pero al menos pudimos contar con Lin.

Pero para mí la principal motivación para asistir al panel fue escuchar a Enrique Meirelles, ministro de Finanzas de Brasil, un gran técnico en materia económica y de gran reputación en la comunidad de negocios brasileña, quien da confianza a los inversionistas extranjeros y al mercado local e internacional. No por nada es el arquitecto de la serie de reformas estructurales que está llevando a cabo el presidente Michael Temer, quien como sabemos, no goza de gran confianza en la población y tiene un rating de aprobación bajísimo en las encuestas.

Pero me interesaba no solo escuchar a Meirelles, sino preguntarle directamente a él -para aclarar algo que comentan todos en Brasil- si será o no candidato a la presidencia de la República. Redoble de tambores: me contestó que no sabía, pero que lo estaba pensando. Luego le pregunté si es que no fuera de candidato, quién creía que podía continuar con las políticas que él estaba llevando a cabo, frente a lo cual me contestó que lo desconocía.

Creo que sus dos respuestas dan a entender que es altamente probable que él sea candidato, lo cual sería una gran noticia para Brasil y para toda la región latinoamericana.

Aunque si Meirelles fuera candidato presidencial, no la tendría fácil, ya que Lula, quien lidera las encuestas en este momento, a pesar de tener serios problemas judiciales, podría apadrinar a un poderoso delfín político. Por eso también le pregunté a Meirelles sobre esa posibilidad, de que Lula nombre una especie de ahijado. Y me respondió con más soltura que Lula era una figura en sí misma, un líder cuyo afecto de parte del pueblo brasileño no era traspasable a un tercero.

Esta última respuesta me hace pensar también que Meirelles no solo lo está pensando, sino hasta haciendo cuentas sobre qué necesita para que su candidatura pueda convertirse en realidad.