-¿Por qué decidió estudiar ingeniería y arquitectura al mismo tiempo?

-Comencé en ingeniería y me encontré con una carrera profesional bastante rígida en su currículo (comienzo años 70), muy orientada hacia lo analítico. Tuve la inquietud de cambiarme de carrera, hacia arquitectura, y tuve la fortuna de encontrarme con el rector de la época, Fernando Castillo Velasco, y él me dio la idea de convalidar ambas.

-Quizás ese fue su primer intento de innovar: combinar dos disciplinas.

-Sí, yo diría que ahí fue naciendo un interés por la innovación y el diseño. Ahora, estamos hablando de los años 70, entonces, hablar de innovación en esos días era predicar en el desierto.

-En ese tiempo no se podía vincular al concepto de innovación con la tecnología.

-No, para nada… Hay que entender a la innovación como un fenómeno de creación de valor, y el valor es un concepto que existe en el entendimiento de alguien. Lo que es valioso es un "algo" que depende absolutamente de un "alguien".

-¿Cómo llegó al tema de la computación y después a interesarse por el mundo digital?

-A mí me interesó muy tempranamente esto que empezó a surgir, que lo fueron llamando "la computación" y estas nuevas tecnologías que iban apareciendo. Al comenzar mi carrera profesional tomé el desafío de diseñar un centro pediátrico más la construcción de un modelo de simulación probabilístico de atención de pacientes.

-Que serían hoy como el software de atención al paciente.

-Claro, solo que en esa época sería con tarjetas perforadas y pantallas monocromáticas, una cosa cruel o espantosa, muy complicada de hacer. Después me encontré con una tesis que me pareció absolutamente alucinante, que fue el trabajo de doctorado de Fernando Flores (“Management and Communication in the Office of the Future”) y me fui a conversar con él. Historia corta, me quedé cuatro meses desarrollando interfaces para programas computacionales allá con él, en Palo Alto, California (EE.UU.).

-Ahí estaba más cerca de lo que podía ser este nuevo mundo digital.

-Sí, y mientras iba caminando por la Universidad de Berkeley (California, EE.UU.), me encontré con esa máquina (Gómez apunta a un computador Macintosh 1984 que tiene en su oficina). Y me cambió la vida. Los temas de innovación, más la tecnología que estaba viendo ahí, era ver lo que se venía para el futuro.

-¿En ese tiempo Apple estaba catalogada como una empresa de vanguardia?

-Era una pequeña empresita que hacia algunas cosas locas. A algunas les iba muy bien y con otras no tanto. Pero había un gran dominador del mercado que era IBM, con un estándar que apuntaba a la confianza y para gente "bien portada".

-¿Trajo el primer computador Mac a Chile?

-Así es, y gracias a un vicerrector académico pudimos cambiar los antiguos mainframes (computadores centrales) que poseía el campus por nuevos Macintosh o computadores personales. En la Universidad Católica de Chile fuimos la segunda universidad en el mundo en usar computadores Apple.

-¿Cómo se trajo el computador en 1984?

-Fue algo bien notable. Primero, lo traje conmigo abrazado durante todo el viaje en el avión; imposible dejarlo en la zona de carga. Me había costado US$2.500 de esa época. Cuando llegué a la aduana, el policía me pregunta por este artefacto tan curioso, lo mira y me pregunta: ¿el televisor es blanco y negro o en colores? No le expliqué qué era en realidad, porque en esos tiempos los computadores eran muy poco conocidos. Casi eran ciencia ficción. Solo respondí: la televisión es blanco y negro, y me dejaron pasar.

PARTIMOS A CALIFORNIA

-¿Trabajó con Apple durante los años 80?

-Sí, comencé alrededor de 1987. Recibí un llamado desde EE.UU. para preguntarme si estaba interesado. Yo era un académico en tareas propias de mi quehacer y me ofrecían ser representante de dicha tecnología y traer computadores.

-En ese tiempo el mercado de venta de computadores no era grande.

-No, pero era de peces grandes. IBM o Xerox eran los que dominaban las ventas. Entonces, nos dimos cuenta que para poder posicionarnos necesitábamos un banquero, un inversionista. 

-¿Y quién apareció?

-Un amigo me dice yo conozco un banquero, se llama Sebastián Piñera. Yo le respondí: ¿quién es? Mi amigo agregó: un tipo no muy conocido, que empezó un banco hace poco y quizás esté interesado.

-¿El ex presidente de Chile y actual candidato?

-Él mismo. Y partimos a California con Sebastián a luchar por la representación de Apple para Chile y la logramos.

-¿Y él aceptó de inmediato invertir en estos computadores medios locos, poco tradicionales?

-Nosotros lo pensamos bien antes de invitarlo a ser socio de Apple; le dimos varias vueltas a la propuesta que le íbamos a hacer. Y finalmente nos juntamos con él y le dijimos: mira, esta es la mejor tecnología y es lo que viene en el futuro. La idea es que cada uno va a poner equis cantidad de dinero, aunque nuestras acciones van a valer 20% más que las tuyas.

-¿Y qué dijo Piñera?

-Nos miró y nos dijo: puede ser que tenga interés en entrar en este negocio de los computadores, porque tengo las redes de los bancos y ahí mis acciones son justo 20% más caras que las de ustedes, así que quedamos iguales. Nos miramos y nos reímos. Le dijimos que todo estaba bien y que no había motivo de discusión alguna.

JOBS, EL INTEGRADOR

-En su trabajo en tecnología e innovación, ¿llegó a conocer a Steve Jobs?

-Sí, en las reuniones que tuvimos en California él estuvo presente en muchas de ellas. Ya en esa época (Apple) era una empresa que tenía una mística muy grande, que influía a todos en el mundo de la innovación.

-¿Qué difundía Steve Jobs?

-El desvelo para él es que se daba cuenta del poder de la tecnología. Un hecho pequeño, pero trascendental fue por ejemplo que él veía la posibilidad de escribir en un computador, donde si se cometía un error, debías empezar de cero o corregir. Entonces, tiene la idea de un editor de textos, algo que hoy es ridículo, pero que en los años 80, cuando lo propuso, lo transformó en pionero de esa herramienta.

-Él consideraba además que la tecnología no era importante sólo para los ingenieros, que fueron los primeros en tener contacto con el tema computacional, sino que era relevante para todos los seres humanos. Apple era el paraíso de la innovación, porque siempre estaba con la visión del usuario, cómo hacer transparente la visión de la tecnología para todos.

-Se dio cuenta que debía integrar áreas.

-Claro, la tecnología la combinó con el color, la forma, el diseño e introdujo modelos de negocios muy diferentes a los que se habían visto en esa época.

-En las conversaciones que sostuvo con el desaparecido CEO de Apple, ¿algo le llamó la atención en particular?

-Un día, a una reunión entra Steve Jobs y comienza a hablar sobre el futuro de la tecnología. Nos mira a todos y comienza a explicar que en unos años más todos los computadores iban a ser portátiles, conectados e inalámbricos. 

-¿Afirmaba esto en los años 80?

-Así es. Yo lo miraba y pensaba: ¿qué le pasa a este tipo? ¿De qué está hablando? Está loco... Por eso me siento muy afortunado por haber estado en el epicentro de donde nacieron ideas que terminaron por cambiar el mundo.

 Crédito fotografía: César Cortés - Prensa UC