-¿Tiene Facebook, Twitter o redes sociales?

-No, no me interesan.

-Usted es un profesional reconocido, ¿nadie le insistió en tenerlas?

-Un compañero de trabajo me puso en una de estas redes, básicamente por curiosidad. Fue LinkedIn, que es una molestia y no me he podido salir.

-¿Periodismo fue su primera opción?

-Iba a entrar a estudiar Cine en la escuela de Arte y Comunicación y se cerró por parte de la Universidad Católica. Y me dio miedo no tener empleo después y dije bueno, lo más próximo es el periodismo.

-Usted tuvo como rector a un militar mientras estudiaba.

-Así es, mi diploma está firmado por un general, no por un rector académico, lo cual no me da mucho orgullo. Viví un ambiente bastante opresivo en cuanto a opiniones políticas.

-¿Había discusión política entre los estudiantes?

-No se podía hablar, era muy peligroso. Había una especie de mito de la "resistencia" que nunca existió, por lo menos, durante los años 70. No se hablaba y si lo hacías, era en grupos muy pequeños y decías "los milicos me cargan" a lo más.

-Fue director de periódicos y revistas durante y pos dictadura, ¿por qué no sobrevivieron esos medios?

-Yo creo que todos esos diarios y revistas de oposición no estaban preparados para el mercado. La mayoría de ellos vivían con subsidios y no desarrollaron la musculatura comercial que necesita un medio. Si teníamos plata, invertíamos en contratar otro periodista y no un vendedor.

-¿No piensa que los gobiernos deberían ayudar a los medios a subsistir?

-No, ¿por qué? 

-Para fomentar la libertad de expresión.

-Tú, cachai, que si el Estado va poniendo dinero en los medios de comunicación, después te la cobra.

-Nada es gratis, entonces.

-Nada es gratis. Yo prefiero un Estado bien lejos de los medios. No me gustan los medios estatales, a pesar que TVN me parece una buena idea, que ha logrado ser exitosa.

REDACTOR, NO COLUMNISTA

-Muchos lo consideran un gran columnista, ¿usted se siente así?

-Ahí tenemos un problema de confusión. Yo siempre fui un redactor político, así comencé en el año 1984, donde la primera crónica en las revistas era la política.

-Ese formato se redujo con el tiempo.

-Tienes razón, ese formato se achicó a una columna. Y en este formato de hoy yo soy periodista, no columnista. 

-Pero lo promueven como "la columna de Ascanio Cavallo".

-Me carga. Por eso mi enfoque es totalmente distinto al que pueda tener Carlos Peña, que es un académico interesado en ciertas cuestiones con el derecho y la moral.

-¿Usted no quiere predicar como Peña?

-No me interesa para nada. Lo que diferencia a los columnistas de los periodistas es que a los últimos no nos interesa nada influir. Ojalá los periodistas no inclinemos ninguna balanza, mientras que Peña sí quiere influir y hacer pensar a la gente de cierta manera. A mí eso no me interesa en lo más mínimo... me da miedo.

-¿Miedo?

-Sí, que me hicieran caso me daría terror. Por eso tampoco soy político.

-¿Alguna vez le ofrecieron ser parte de un partido político?

-No, nunca; una vez me ofrecieron una embajada

-¿En serio? ¿Quién fue?

-Pucha, no debería decirlo.

-Da lo mismo, si ya pasó harto tiempo.

-Fue durante el gobierno de Eduardo Frei. Al final no elegí nada.

PRESIDENCIABLES

-¿Cómo evaluó a los que fueron los candidatos presidenciales?

-Francamente, ambos eran muy malos. Y los candidatos a parlamentarios que salieron elegidos vamos a ver cómo funcionan.

-Se estrenó también un cambio de sistema de elección, que pasó piolita.

-Exacto, ese un punto muy importante. Ahí pasa algo con la legitimidad de la elección. Con el antiguo sistema binominal la minoría se ve muy favorecida, mientras que en el actual, la mayoría es muy favorecida y la minoría muy perjudicada.

-Eso da para fenómenos electorales muy raros.

-Así es, te van a aparecer cosas muy raras como un tipo elegido con el 1% de los votos. La legitimidad con que llegan esos parlamentarios es muy baja. Para el ciudadano común es incomprensible que alguien que obtuvo la mayoría no salga elegido. Entonces, tú dices, ¿para qué vale el voto?

-Y bueno, ganó Piñera.

-Es el más moderado que vas a encontrar en la derecha. Un tipo tranquilo, apacible, y es lo mismo que te diría del que fue su contenedor, el senador Guillier.

-Pero esa descripción es de una persona muy aburrida.

-Eso es lo que se produce en estos sistemas, cuando el país está dividido en dos pedazos tan grandes. Ocurre que los candidatos se mueven hacia el centro.

-¿Qué va a pasar con el Frente Amplio (FA)?

-A mí no me gusta hacer profecías, pero lo que está claro es que es una fuerza muy fragmentada internamente, donde no existe el completo acuerdo. Como ejemplo, una decisión tan importante y tardía como apoyar o no a Guillier.

-¿Cuál es el objetivo de los líderes del Frente Amplio?

-Yo creo que el objetivo de las cabezas más pensantes del FA es desplazar para siempre a la Nueva Mayoría, al Partido Comunista, pero principalmente al Partido Socialista.

-¿El FA viene a reinventar o renovar la política, como lo han declarado?

-La política se inventó hace unos tres mil o tres mil quinientos años atrás... yo encuentro muy difícil que alguien hoy encuentre la fórmula de reinventarla. Tiene sus formas, su estética, su ética. Todos los movimientos nuevos se proponen siempre superar las prácticas negativas de los políticos viejos y eso siempre es bueno. Si uno cree en el progreso, la democracia está siempre progresando.

-No le convence el discurso del FA.

-Ese discurso de venir a cambiar la política, me parece repetido y un poco infantil, pero tampoco se puede desconocer que la política siempre necesita renovación.

-¿Revive la Democracia Cristiana?

-Está muy golpeada. Yo creo que quizás la pregunta es: ¿qué se hace con los militantes? Porque los dirigentes importan poco para esto. Primero, porque sus líderes ya están bastante viejos, los históricos; de hecho, ni siquiera quisieron ser candidatos a parlamentarios. En la última elección tuvieron alrededor de un 12% de los votos y quizás sin un buen liderazgo estos militantes se comiencen a disgregar entre los dos bandos de hoy (la Nueva Mayoría o la coalición Chile Vamos).

COMEDIA SANGRIENTA

-¿Cómo critico de cine le ha tocado evaluar películas donde los involucrados le han hecho un reclamo? ¿Quizás de una película chilena?

-No tengo problemas con comentar cualquier tipo de película. Lo que sí me pasa es que si tengo un problema... no sé cómo decirlo... no es ético, por cierto; yo creo que pasa con las  grandes producciones, por ejemplo: Star Wars, si digo que es asquerosa, repugnante o que es una tontera, no le hago nada, la gente va a ir igual a verla.

-Son una industria muy grande.

-Gigante. Pero si es una película de tipo más cine arte o en circuitos de proyección más pequeños, ahí puedes perjudicar si pones algo muy duro, porque el público que asiste a ver esos filmes efectivamente lee las críticas.

-¿Y con el cine chileno?

-Lo que te acabó de decir, agudízalo al doble, ya que puedes producirle un gran daño a una película chilena.

-Pero usted también tiene un deber con lo que piensa y lo que ve, y eso con comunicarlo.

-Así es, pero mira, yo prefiero no escribir. Lo que pasa es que yo trabajo hoy en la revista Sábado, donde escribo una sola crítica y por eso no puedo elegir la peor, sería espantoso. Además, fíjate que cuando se fundó esa sección de cine en la revista se llamaba "Ver", entonces, imagínate que ponga solo películas malas, sería la sección "No Ver". No calza, cachai.

-¿Le ha pasado que una persona extranjera le pide una recomendación de películas para conocer o entender la sociedad chilena?

-Sí me ha pasado, pero no me acuerdo lo que he dicho. Siempre recomendaría las películas de Raúl Ruiz, porque reflejan tan bien a la persona y a Chile, aunque son difíciles de ver, cuesta encontrarlas.

-¿El cine de Ruiz sería entonces un infaltable?

-Claro. Es más, si uno quiere tener una explicación completa de lo que pasó durante la Unidad Popular, hay que ver Palomita Blanca, ahí está todo.

-¿Y "Machuca", de Andrés Wood?

-No, para nada. Machuca te confunde, te hace pensar que las cosas fueron de otra manera, más simples y no claramente no fue así. Donde hay héroes y malos.

-Y en las buenas películas los héroes a veces tan bien son malos.

-Exacto, o a veces no son nada. También recomiendo a Patricio Guzmán y algunos de sus documentales, que creo que son muy buenos reflejos poéticos de lo que ha pasado en la historia de Chile. Imperdibles son "Nostalgia de la Luz" y "Allende", donde en esta última Guzmán redescubrió dicha figura, con la cual en un principio no sentía tanta cercanía y lo redescubre con el tiempo.

-¿Tiene filmes favoritos que ve a veces  se repite y los ve y le encuentra cosas nuevas?

-Sí, claro, tengo una sección del Olimpo donde repaso mis favoritas, como Visconti, Rossellini, Ford, etc.

-¿Coppolla?

-No.

-¿En serio? ¿Scorsese?

-Martin Scorsese sí; David Lynch, si hablamos de los más contemporáneos y ahí estaríamos. Ahora, mi opinión es de alguien que estudia el cine como arte, es como cuando alguien estudia un cuadro de Rembrandt, que también tiene sus cuadros malitos. 

-¿De verdad no le gusta Coppola?

-El Padrino no me gusta mucho… quizás la segunda parte. Pero, sabes, me gusta mucho una que es de las menos vista que acá se llamó "Golpe al Corazón" (One from the Heart), que es una historia de amor.

-¿y Sofía Coppola?

-Nada.

-¿Demasiado hípster?

-De ella no me gusta nada. Creo que no sabe filmar, no tiene cultura además.

-El cine siempre se mezcla con la política. ¿Cómo sería un filme sobre la clase política chilena?

-Tendría que ser una comedia dirigida por los hermanos Cohen o una comedia sangrienta de Alex de la Iglesia, podría ser como una película sobre una comunidad donde todos se terminan matando.