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La digitalización acelerada de las b-schools

Mientras algunas escuelas de negocios llevaban varios años con programas blended y online, otras, en cambio, han tenido que adelantar sus planes y adaptarse rápidamente mediante la migración a clases virtuales.
Jueves, 09/07/2020

A semanas de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia a nivel global por el COVID-19, estudiantes, profesores y personal de INCAE ya estaban conectados a sus equipos desde sus casas. Con algunas asignaturas de las maestrías en formato online, esta era la primera vez que impartían programas bajo este nuevo formato. Y como si hubieran previsto el futuro, llevaban varios meses en conversaciones con responsables de la plataforma Emeritus para lanzar INCAE Online, que a partir de junio de 2020 ofrecerá programas abiertos y maestrías especializadas de forma virtual.

En la argentina Universidad Torcuato di Tella (UTDT) también tuvieron que actuar con rapidez. Migraron a la modalidad online a 5.500 alumnos de grado y postgrado. No fue fácil. Antes de la crisis dictaban las ayudantías de algunos cursos MBA a través de plataformas online –sin aplicar tecnología de manera masiva– y cuando partió el confinamiento iniciaron la compra de licencias de programas virtuales para que los profesores pudieran continuar sus clases.

La respuesta de INCAE y UTDT va en línea con otras escuelas de negocios de América Latina y el mundo, que debido al encierro producto de la pandemia se vieron obligadas a tomar diversas medidas, estando o no preparadas, agilizando sus procesos de transformación digital y estableciendo nuevas maneras de enseñar y trabajar.

Las que vivieron un doble remezón

En algunos países, el COVID-19 no hizo más que acelerar lo que algunas universidades ya habían iniciado producto de algunos eventos críticos. Mientras en Chile el estallido social que se inició en octubre de 2019 obligó a que se adelantara la aplicación del e-learning a nivel masivo; en Venezuela también han ganado experiencia producto de la crisis interna.

La directora de UC Oline, Luz Montero, define como “un tsunami, pero más lento y en dos oleadas”, lo que tuvieron que enfrentar debido al estallido social y luego con el COVID-19. Mientras lo primero les obligó a acelerar la virtualización de los cursos, el trabajo remoto y la incorporación de más tecnologías de la información y comunicación; la pandemia se encargó de profundizar y consolidar lo anterior.

Al igual que su par en Chile, en la venezolana IESA también sienten que estaban preparados para lo que se venía. A la semana siguiente de la declaración de pandemia decidieron ofrecer una serie de webinars diarios y gratuitos. La clave fue que gozaban de experiencia en el rubro del e-learning: habían incluido materias de las maestrías con  asignaciones online, estaban trabajando hacía varios años con el aula virtual y desde 2012 ofrecen un programa regional que ha graduado a cerca de 3.000 emprendedores.

“Debido a todo lo que ha pasado en Venezuela, nos encontramos preparados para adaptarnos y pudimos organizarnos y preparar a nuestros profesores y equipos de tecnología y servicios para atender a los estudiantes”, dice Valentina Urdaneta, gerente de Comunicación Corporativa de la casa de estudios.

De la misma forma se adaptaron en la PUC, donde “las consecuencias del estallido social y las circunstancias en que terminamos el segundo semestre de 2019 ayudaron a introducir a muchas carreras en la educación a distancia. Las licencias ya estaban negociadas, pero tuvimos que acelerar el proceso de migración desde la plataforma que utilizábamos con anterioridad”, indica Fernando Purcell, vicerrector académico de la PUC.

Se mantienen las matrículas

Uno de los temas que genera mayores dudas en el contexto actual es cómo la crisis está afectando a los procesos de admisión para los programas que vienen. En las españolas IE, IESE y Esade explican que no han registrado una disminución en las matrículas, al igual que sus pares latinoamericanos, donde afirman que en general se ha mantenido el interés.

Koldo Echebarria, director general de Esade, asegura que no sólo no han visto cambios en su número de matriculados sino que han registrado un incremento en las solicitudes de sus programas MSc. Aclara –eso sí– que “puede haber un impacto en programas específicos para profesionales con un perfil más sénior, quienes prefieren una propuesta de valor de naturaleza eminentemente presencial. En esos casos concretos, estamos aplazando el inicio de los programas”.

Algo similar han notado en la IAE, donde en un principio hubo cierta resistencia de los estudiantes del MBA Full Time a la modalidad online, debido a que estaban totalmente dedicados a sus estudios, aunque luego hubo consenso por avanzar.

Ralf Boscheck, decano de la Escuela de Negocios de la UAI, explica que por el momento mantienen niveles de matriculación e interesados razonables para el nivel de incertidumbre que vive la sociedad en general. “Al inicio de la crisis sanitaria experimentamos un enlentecimiento importante, pero a medida que los postulantes tienen más certezas, los niveles de postulación y matriculación han ido mejorando”, comenta.

Más becas y ayudas financieras

Producto de las consecuencias del COVID-19 en el empleo –donde ya se pueden apreciar despidos, reducción de jornadas y sueldos– surgen dudas sobre cómo las escuelas compensarán a sus estudiantes.

En Esade proponen aumentar en un 10% las becas e incrementar la cobertura de las mismas, incluyendo los costos de manutención y de residencia; y en IESE generarán más opciones que faciliten planes financieros adaptados a la situación mundial.

Desde IE University aseguran también haber tomado medidas. Ignacio Gafo, decano asociado del Global & Executive MBA, afirma que tienen previsto conceder más de € 150 millones (alrededor de US$ 164 millones) en becas desde 2020 a 2030 para apoyar el talento y dar acceso a sus programas de formación a perfiles brillantes.

Mientras tanto, en América Latina, también hay planes para enfrentar posibles necesidades financieras de los alumnos de las escuelas de negocios. En IESA están monitoreando las solicitudes de sus estudiantes para la flexibilización de pagos y en la peruana ESAN Graduate School of Business hicieron descuentos para los alumnos de maestrías y programas de educación ejecutiva y dieron mayor flexibilidad para refinanciar las deudas, para lo cual incluso no contemplaron intereses.

En el caso de la UTDT no han habido mayores inconvenientes con excepción de los cursos de Educación Ejecutiva, en los que se interrumpió el pago de determinadas cuotas hasta definir la nueva fecha de inicio.

“Para los cursos que se migraron a formato online, en alrededor de un 40% de los programas se redujeron el valor de hora cátedra promedio y las horas de cada uno de los programas”, explica Melani Machinea, directora de Desarrollo de la Escuela de Negocios de esta universidad argentina.

En la PUC indican que si bien no es viable rebajar los aranceles, porque constituyen su principal fuente de financiamiento, se han recalendarizado los pagos y se ha ofrecido ayuda socioeconómica para los estudiantes en apuros económicos. También han propuesto becas especiales, más de 2.000 bolsas de internet para facilitar las conexiones de internet, entre otras cosas.

Repercusiones económicas

La crisis no solo ha golpeado a los estudiantes, sino también a las escuelas, que tienen el desafío de asumir costos como la disminución de los ingresos producto del retraso de algunos programas o la inversión en tecnología.

Algunas de ellas piensan ya en posibles repercusiones financieras. “Serán un par de años difíciles y la materialidad de su impacto la podremos medir una vez se comience a flexibilizar las restricciones sanitarias. La forma en la cual la economía responda a esta pandemia marcará de forma relevante la realidad de las escuelas de negocios”, dice Ralf Boscheck, de la Escuela de Negocios de la UAI.

“Una business school que pertenece a una universidad tiene un planteamiento distinto al de un ‘negocio’. Ciertamente los últimos acontecimientos supondrán un impacto importante en las finanzas de la universidad. Sin embargo, la visión de largo plazo, la misión de servicio educativo y las características de los equipos que trabajan en la universidad ayudarán a que se puedan encontrar medidas que en entornos más centrados en el corto plazo sean difíciles de asumir”, dice María Julia Prats, decana asociada de MBA en IESE Business School.

En busca de metodologías innovadoras

Hasta el momento, las escuelas esperan la resolución de las autoridades para volver a la modalidad presencial, y aun así varias afirman que mantendrán el formato online si es posible, al menos mientras dure el distanciamiento social.

En general, las casas de estudios manejan varios escenarios si las clases se reanudan. Así lo han hecho tanto en la UAI como en el Tec de Monterrey. “Los principales ejes han sido: oferta académica, infraestructura, preparación docente y vida estudiantil, a partir de los cuales se preparan acciones y recursos que permitan alargar o recortar el plazo”, indica Joaquín Guerra, vicerrector académico y de Innovación Educativa del Tec.

Y Boscheck, de la UAI, añade: “En Chile, el volver a clase presenciales depende de las decisión de las autoridades sanitarias y del Ministerio de Educación. Estamos preparados para entregar los programas en el formato que la realidad sanitaria permita, manteniendo los niveles de calidad y experiencia de aprendizaje que nos caracteriza”.

En tanto, en Esade la prioridad es garantizar que todos completen este semestre académico, se encuentren donde se encuentren. Y, además, creen que por algún tiempo habrá que cambiar los patrones de relación de proximidad física. Esto implica, para Koldo Echebarria, “no sólo mantener la distancia preventiva sino definir nuevos modelos de trabajo en equipo, por ejemplo. Es momento de repensar la presencialidad como metodología exclusiva y de abrir nuevas vías de aprendizaje –más flexibles, personalizadas y eficaces– con las que adaptarnos a las necesidades de los nuevos entornos”.

Pero la contingencia también está generando la necesidad de adaptar los contenidos, tal y como lo han hecho en ESAN, IAE y UTDT, donde están considerando las necesidades del mercado.

En esto coincide Peter Yamakawa, decano de ESAN, quien asegura que “esta crisis nos lleva a buscar metodologías innovadoras en enseñanza que nos permitan adaptarnos a las necesidades de este nuevo entorno, como, por ejemplo, mantener la atención permanente de los alumnos y una correcta interacción en los mismos”.

En IAE, donde migraron a la modalidad online a todos los estudiantes que estaban en su segundo año de Executive MBA, notaron que para muchos de ellos –varios gerentes y dueños de pymes– la cuarentena estaba siendo un caos, así que iniciaron un proceso de codiseño de un plan para el futuro, en base a diferentes escenarios posibles.

“Se modificaron los cronogramas de clases, se achicaron las horas de clases sincrónicas y se establecieron sesiones que combinan lo sincrónico y lo asincrónico para un mejor aprovechamiento de los participantes, de acuerdo a sus posibilidades reales y cotidianeidad en el contexto cuarentena”, explica María Carolina Dams, directora de Programas e Innovación IAE.

Más creatividad para el futuro

Si bien las escuelas esperan volver a las aulas cuando sea seguro, coinciden en que la crisis aceleró la transformación digital y el aprendizaje online y blended learning.

“Esta experiencia está obligando a todas las escuelas a perfeccionar nuestras propuestas online. Esto, por supuesto, seguirá presente en el futuro. Sin embargo, sólo las que ofrezcan una propuesta de valor excelente serán capaces de unir la experiencia online con el aprendizaje presencial”, dice Prats, de IESE.

Para Peter Yamakawa, “el hecho que una gran cantidad de profesionales pruebe la modalidad virtual hará que ésta sea mejor vista de cara al futuro. Los prejuicios respecto a la educación virtual cambiarán, pues quedará demostrado que tiene el mismo nivel de calidad que las clases presenciales”.

Sin embargo, esto también conlleva un mayor esfuerzo de las escuelas por ser más creativas y ofrecer planes de financiamiento más flexibles. “La experiencia ganada por todos los actores relevantes aumentará la oferta de programas online. En el mediano plazo, los márgenes de rentabilidad de estos productos se reducirán. Esto es malo para las escuelas y bueno para sus clientes”, explica Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

En general, todas las escuelas han tenido la oportunidad de acelerar sus procesos y aprovechar esta instancia para analizar cómo lo han hecho y de qué manera pueden mejorar de cara a lo que se viene: un escenario hasta ahora incierto, pero que demandará mayor oferta y calidad de educación online y blended. Quienes puedan sobrellevar esta crisis magistralmente podrán innovar sin problemas.